¿Por qué los perros comen heces? (Coprofagia): causas y cómo evitarlo
Por Julia Wrenfield, investigadora en bienestar animal — 25 de junio de 2026
- Término técnico: coprofagia: consumo de heces
- Frecuencia: los estudios sugieren que entre el 16 y el 23 % de los perros practican la coprofagia
- Primer paso: examen veterinario para descartar causas médicas
- Causa más frecuente en perros adultos: conductual (no médica)
- Prioridad en la prevención: recogida inmediata, la intervención más sencilla y eficaz
Pocas cosas horrorizan tanto a un dueño de perro como ver a su querida mascota comiendo heces. La coprofagia (el consumo de excrementos) es uno de los problemas de conducta sobre los que más se pregunta y, aun así, sigue siendo algo misteriosa incluso para los investigadores. Antes de poder frenarla, hay que entender por qué ocurre. Las causas van desde las puramente médicas hasta las totalmente conductuales, y la intervención depende por completo de qué categoría se aplique a tu perro.
¿Es normal? Lo que dice la investigación
Un estudio de 2012 del Dr. Benjamin Hart en la UC Davis (la mayor encuesta sobre coprofagia realizada hasta la fecha) encuestó a 3.000 dueños de perros y halló que aproximadamente el 16 % de los perros practicaba la coprofagia con frecuencia (más de 6 veces) y el 23 % al menos de forma ocasional. El estudio también encontró que la conducta era significativamente más habitual en hogares con varios perros, en perros descritos como «comilones voraces», y que ciertas razas (entre ellas el Labrador Retriever y el Golden Retriever) parecían más propensas a ello.
Curiosamente, el estudio no encontró ninguna asociación entre la coprofagia y el tipo de dieta, la pauta de alimentación o la mayoría de las variables nutricionales, lo que sugiere que en la mayoría de los perros adultos la conducta está impulsada por factores distintos de una deficiencia nutricional.
Causas médicas (descártalas primero)

Antes de dar por hecho que la coprofagia es conductual, es importante realizar un examen veterinario, especialmente en casos de coprofagia de aparición reciente en un perro adulto que nunca antes había mostrado esta conducta.
Insuficiencia pancreática exocrina (IPE)
La IPE es una afección en la que el páncreas no produce suficientes enzimas digestivas. El alimento atraviesa el intestino en gran medida sin digerir, lo que da lugar a heces que conservan un contenido nutricional importante, haciéndolas realmente apetecibles desde la perspectiva del perro. La IPE suele presentarse con pérdida de peso a pesar de un apetito voraz, heces abundantes y mal estado del pelaje. El diagnóstico se realiza mediante un análisis de sangre (TLI). El tratamiento consiste en la suplementación con enzimas en cada comida.
Síndromes de malabsorción
De forma similar a la IPE, cualquier afección que altere la absorción de nutrientes (enfermedad inflamatoria intestinal, sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado) puede dar lugar a heces ricas en nutrientes. Estos perros también pueden presentar pérdida de peso, heces blandas y aumento del apetito.
Parásitos intestinales
Las cargas parasitarias elevadas pueden alterar la nutrición y provocar hambre, lo que puede aumentar la conducta de búsqueda de alimento, incluida la coprofagia. Un análisis de heces es un primer paso útil y de bajo coste.
Medicamentos
Los corticoides (prednisona, prednisolona) aumentan enormemente el apetito y pueden provocar coprofagia en perros previamente normales. Si la conducta comenzó tras iniciar el tratamiento con corticoides, esta es una causa probable.
Alimentación insuficiente o dieta inadecuada
Un perro que recibe calorías insuficientes buscará activamente fuentes de alimento adicionales. Revisa las cantidades de comida en relación con la condición corporal del perro y sus necesidades energéticas.
Causas conductuales

Instinto maternal
Las perras madre consumen habitualmente las heces de sus cachorros pequeños como parte normal del cuidado maternal, tanto para estimular la eliminación como para mantener limpia la camada. Esto es completamente normal y no se debe interferir. Los cachorros de hasta aproximadamente 9 meses también pueden practicar la coprofagia como conducta exploratoria, algo que la mayoría supera con la edad.
Búsqueda de atención
Un perro que ha descubierto que comer heces provoca una reacción dramática en su dueño (persecuciones, regañinas, gritos) puede repetir la conducta por la atención que genera. Desde la perspectiva del perro, cualquier atención (incluso negativa) es mejor que ninguna atención. El remedio es lo contrario de lo que dicta el instinto: ninguna reacción y retirada inmediata del recurso.
Conducta aprendida en hogares con varios perros
La coprofagia puede aprenderse observando a otros perros. El estudio de Hart de 2012 halló que era significativamente más frecuente en hogares con varios perros, lo que sugiere el aprendizaje social como factor.
Ansiedad y estrés
Los perros que viven en jaulas o espacios reducidos, o los perros que sufren ansiedad, pueden practicar la coprofagia como conducta de estrés. Esto es más habitual en perros que han pasado mucho tiempo en refugios u otros entornos institucionales.
Aburrimiento y falta de estimulación
Los perros poco estimulados presentan una amplia variedad de conductas no deseadas; la coprofagia es una de ellas. Un perro con ejercicio físico adecuado, enriquecimiento mental y vías de desahogo apropiadas rara vez desarrolla coprofagia por estrés o aburrimiento.
Cómo frenarla: intervenciones prácticas
Recogida inmediata: la intervención individual más eficaz
La estrategia de manejo más sencilla y de eficacia más fiable es eliminar el acceso al recurso. Recoge las heces inmediatamente después de que el perro defeque, antes de que tenga la oportunidad de comérselas. En un hogar con varios perros, mantén a los perros separados durante y justo después de la eliminación. Esto no resuelve la conducta subyacente, pero impide su repetición, lo cual es fundamental.
Enseñar un «déjalo» fiable
Entrena una señal sólida de «déjalo» y aplícala de forma consistente cuando el perro muestre interés por las heces durante los paseos. Esto requiere un entrenamiento previo en entornos con pocas distracciones antes de usarlo en situaciones reales. Un perro que obedece el «déjalo» de forma fiable con cualquier otro objeto puede no generalizarlo a las heces sin una práctica específica.
Productos disuasorios y suplementos
Diversos disuasorios actúan haciendo que las heces tengan un sabor desagradable, rompiendo teóricamente el hábito. Las opciones incluyen:
- For-Bid o Deter: aditivos alimentarios que se administran al perro (o al perro que produce las heces en hogares con varios perros) y que hacen que las heces tengan un sabor aversivo.
- Suplementos disuasorios de la coprofagia: productos combinados que contienen enzimas (papaína, bromelina) y sustancias de sabor aversivo (glutamato, yuca); pueden abordar tanto la disuasión conductual como una insuficiencia digestiva leve.
- Ablandador de carne (sin condimentar): contiene papaína, una enzima proteasa; se espolvorea sobre la comida del perro que produce las heces; se informa anecdóticamente de que ayuda, pero carece de estudios controlados sólidos.
Los disuasorios funcionan de forma inconsistente. El perro puede comer heces de otros animales (fauna silvestre, areneros de gatos) que no han sido tratadas. Son más útiles como complemento del manejo (recogida inmediata) que como solución independiente.
Aumentar la estimulación mental y física
Para la coprofagia provocada por aburrimiento o ansiedad: aumenta el ejercicio, añade juguetes dispensadores de comida, sesiones de entrenamiento, trabajo de olfato y elementos para masticar. Un perro realmente estimulado y cansado tiene menos probabilidades de presentar conductas de estrés.
Lo que NO funciona
- Castigar al perro después del hecho: no se establece la conexión entre la conducta y el castigo, y además aumenta el estrés.
- Regañar al perro en el momento con mucha emoción: en los perros que buscan atención, cualquier reacción refuerza la conducta.
- Añadir salsa picante u otros aversivos directamente sobre las heces del jardín: los perros normalmente se limitan a evitar ese trozo concreto y buscan otros.
- La coprofagia afecta aproximadamente al 16-23 % de los perros: es frecuente y no es señal de que tu perro «esté mal».
- Descarta siempre las causas médicas (IPE, malabsorción, parásitos) con un examen veterinario antes de asumir una causa conductual.
- La recogida inmediata después de la defecación es la estrategia de manejo individual más eficaz.
- Los suplementos disuasorios pueden ayudar, pero funcionan de forma inconsistente: combínalos con el manejo para obtener mejores resultados.
- La coprofagia por búsqueda de atención empeora con las reacciones dramáticas del dueño: lo correcto es ninguna reacción + limpieza inmediata.
Referencias
- Hart BL, Korber MJ. (2018). The paradox of canine conspecific coprophagy. Veterinary Medicine and Science, 4(2), 106-114. PMID: 29911731
- Horwitz DF, Mills DS (eds). (2009). BSAVA Manual of Canine and Feline Behavioural Medicine (2.ª ed.). British Small Animal Veterinary Association.
- Wills JM. (1992). Dietary management of gastrointestinal disease. En: Wills JM, Simpson KW (eds). The Waltham Book of Clinical Nutrition of the Dog and Cat. Pergamon Press.
