¿Por qué cojea mi perro? Causas y cuándo acudir al veterinario
Actualizado: junio de 2026
Ver cojear a tu perro rompe el corazón, y averiguar el motivo es el primer paso para ayudarle. A menudo se puede localizar la causa de una cojera según la pata afectada y la forma en que se ha desarrollado la claudicación: de forma súbita tras una lesión o de manera gradual con el tiempo. Conocer las causas más frecuentes te ayuda a actuar con rapidez cuando es necesario y a manejar eficazmente las afecciones crónicas. Esto es lo que necesitas saber.
Pata delantera frente a pata trasera: por qué importa
La localización de la cojera suele apuntar a diagnósticos distintos. La claudicación de las extremidades delanteras en perros jóvenes de razas grandes indica con frecuencia afecciones del desarrollo como la osteocondrosis disecante (OCD) o la panosteítis. La claudicación de las extremidades traseras en razas medianas y grandes —sobre todo tras un «chasquido» súbito durante el juego— es la presentación clásica de una rotura del ligamento cruzado craneal (LCC). La displasia de cadera afecta principalmente a las patas traseras, mientras que la displasia de codo afecta a las delanteras. Un perro con debilidad en las patas traseras que parece empeorar al subir escaleras puede tener problemas de columna más que una lesión en la pata. Anota siempre qué pata o patas están afectadas y cuándo apareció la cojera por primera vez.
1. Lesión en la almohadilla o cuerpo extraño

La pata suele ser el primer lugar que hay que revisar cuando un perro empieza a cojear de repente. Cristales, espinas, astillas y gravilla pueden quedar alojados entre las almohadillas o penetrar en la propia almohadilla. Incluso sin un cuerpo extraño, las almohadillas pueden cortarse, quemarse con el asfalto caliente o agrietarse por sequedad. Los dedos hinchados o enrojecidos, el lamido excesivo de la pata y la reticencia a apoyar el pie son todos signos de afectación de la extremidad. Examina la pata con cuidado —separando el pelo entre los dedos— y revisa las uñas por si están rotas o tienen una longitud anormal. Muchas lesiones de la pata pueden manejarse en casa con una limpieza suave, pero las laceraciones, los objetos profundamente incrustados y los signos de infección (hinchazón, pus, mal olor) requieren atención veterinaria.
2. Esguince o distensión
Los perros pueden sufrir esguinces de ligamentos o distensiones musculares durante la actividad normal: un paso en falso al correr, al saltar desde un mueble o al jugar con otro perro. Los esguinces leves suelen causar una cojera que es peor inmediatamente después de la lesión y que mejora con el reposo en 24–48 horas. Los perros con un esguince simple normalmente todavía pueden apoyar algo de peso en la pata y muestran mejoría con uno o dos días de actividad restringida. Sin embargo, hay un solapamiento importante entre «solo un esguince» y lesiones más graves: una rotura de ligamento puede presentarse inicialmente de forma parecida. Si la cojera no mejora claramente en 24–48 horas de reposo, es necesaria una evaluación veterinaria.
3. Artrosis (osteoartritis)

La artrosis es la causa más frecuente de claudicación crónica y progresiva en perros de edad media y avanzada. La osteoartritis provoca que el cartílago de las articulaciones se degrade con el tiempo, lo que da lugar a fricción hueso contra hueso, inflamación y dolor. Los perros artrósicos suelen cojear de forma más marcada tras el reposo (rigidez matutina), mejoran algo con el movimiento suave y empeoran después de una actividad intensa. El tiempo frío y húmedo tiende a agravar los síntomas. La artrosis es más frecuente en las caderas, los codos, las rodillas y la columna. Aunque no tiene cura, es muy manejable con un enfoque multimodal: control del peso, ejercicio controlado de bajo impacto, suplementos articulares (omega-3, glucosamina, condroitina), medicación analgésica y terapia física.
4. Displasia de cadera
La displasia de cadera es una malformación del desarrollo de la articulación coxofemoral en la que la cabeza del fémur y el acetábulo no encajan correctamente, lo que causa inestabilidad, daño del cartílago y, finalmente, artrosis grave. Es principalmente de origen genético y más frecuente en razas grandes y gigantes: el pastor alemán, el golden retriever, el labrador retriever y el rottweiler están entre los más afectados. Los signos incluyen una marcha oscilante, reticencia al ejercicio, dificultad para levantarse y claudicación de las extremidades traseras, que a menudo comienza en perros jóvenes (de 6 meses a 2 años) o más tarde, cuando se desarrolla la artrosis secundaria. Para el diagnóstico se requieren radiografías bajo sedación. El tratamiento abarca desde el manejo médico (control del dolor, fisioterapia) hasta opciones quirúrgicas, incluida la prótesis total de cadera.
5. Luxación de rótula
La luxación de rótula se produce cuando la rótula (patela) se desliza fuera de su surco normal y se dislocа. Es más frecuente en razas pequeñas (chihuahua, yorkshire terrier, pomerania, bulldog francés), pero puede darse en cualquier perro. Los perros con luxación de rótula suelen mostrar una cojera intermitente y característica «a saltitos»: mantienen la pata levantada durante unos pasos y luego reanudan de golpe la marcha normal cuando la rótula vuelve a su sitio. Los casos graves o persistentes requieren corrección quirúrgica para evitar la artrosis secundaria.
6. Rotura del ligamento cruzado craneal (LCC)
El ligamento cruzado craneal (equivalente al LCA en humanos) estabiliza la articulación de la rodilla (articulación femorotibiorrotuliana). Las roturas del LCC son una de las lesiones ortopédicas más frecuentes en perros y, a diferencia del patrón de lesión deportiva súbita en humanos, a menudo se producen mediante un proceso degenerativo gradual, es decir, el ligamento se fue debilitando con el tiempo antes de romperse finalmente. La presentación clásica es un perro que de repente deja de apoyar peso en una pata trasera durante o después del ejercicio. La lesión del LCC se confirma mediante una maniobra de exploración específica (la prueba del cajón craneal o el test de compresión tibial) y radiografías. En general se recomienda la corrección quirúrgica en la mayoría de los perros: las diversas técnicas disponibles (TPLO, TTA, sutura lateral) tienen buenos resultados cuando las realizan cirujanos experimentados.
7. Enfermedad de Lyme
La enfermedad de Lyme, causada por la bacteria Borrelia burgdorferi y transmitida por garrapatas del ciervo, es una causa importante de claudicación episódica en perros en regiones endémicas (el noreste de Estados Unidos, el Medio Oeste superior y algunas zonas de Europa). La claudicación asociada a Lyme es característicamente «cambiante de pata»: puede afectar a distintas patas en distintos momentos, y a menudo aparece y desaparece de forma súbita. Se acompaña de fiebre, letargo y pérdida de apetito. El diagnóstico se realiza mediante análisis de sangre (test de anticuerpos C6 o Western blot), y la afección responde bien al tratamiento antibiótico (normalmente doxiciclina durante 28–30 días). La prevención de garrapatas y la vacunación contra Lyme son medidas preventivas muy eficaces en zonas endémicas.
8. Fractura ósea
Una fractura (hueso roto) provoca una claudicación súbita y grave sin apoyo de peso, a menudo con hinchazón visible, angulación anormal del miembro o crepitación (sensación de roce). Las fracturas se producen por traumatismos: ser atropellado por un coche, caer desde una altura o quedarse una extremidad atrapada. En perros mayores pueden producirse fracturas patológicas a través de un hueso debilitado sin un traumatismo significativo, algo especialmente asociado al cáncer de hueso. Cualquier perro que muestre una claudicación súbita y completa sin apoyo de peso tras un traumatismo debe ser visto por un veterinario de inmediato y manejado con mucha delicadeza para no agravar la lesión.
9. Osteosarcoma (cáncer de hueso)
El osteosarcoma es el tumor óseo más frecuente en perros y, desgraciadamente, es agresivo. Afecta con mayor frecuencia a las extremidades de razas grandes y gigantes, normalmente alrededor de la rodilla o del carpo. La presentación clásica es una cojera que empeora de forma progresiva, atribuida al principio a un esguince o a la artrosis, junto con hinchazón ósea localizada y dolor a la palpación. El osteosarcoma es extremadamente doloroso. Si un perro mayor de raza grande desarrolla una cojera que no responde a la medicación antiinflamatoria, o si hay hinchazón visible sobre un hueso largo, las radiografías son imprescindibles: la imagen precoz puede revelar el característico patrón «en rayos de sol» de destrucción ósea.
Cuándo acudir al veterinario de inmediato
- Ausencia total de apoyo de peso en una extremidad: el perro no apoya la pata en absoluto
- Llanto, gemidos o signos evidentes de dolor al tocarle la pata
- Deformidad ósea visible, hinchazón o angulación anormal del miembro tras un traumatismo
- Cojera tras ser atropellado por un coche o caer desde una altura
- Hinchazón sobre un hueso largo (fémur, húmero, radio/cúbito, tibia) en un perro de raza grande
- Cojera acompañada de fiebre, letargo o pérdida de apetito
- Cualquier cojera que no mejore en 24–48 horas de reposo
Puntos clave
- Examina siempre primero la pata: los cuerpos extraños y las lesiones de las almohadillas son frecuentes y pasan fácilmente desapercibidos.
- Una claudicación súbita sin apoyo de peso después del ejercicio en un perro de raza grande suele indicar una rotura del LCC, una afección quirúrgica.
- La artrosis y la displasia de cadera son progresivas, pero muy manejables con intervención precoz y control del peso.
- Una claudicación que cambia de pata en zonas endémicas de garrapatas justifica realizar pruebas de enfermedad de Lyme.
- Una cojera progresiva con hinchazón de un hueso largo en un perro de raza grande debe radiografiarse para descartar un osteosarcoma.
- Una cojera que no mejora en 48 horas de reposo necesita evaluación veterinaria: no esperes indefinidamente a ver si pasa.
Referencias
- Innes JF. Arthritis. Vet Clin North Am Small Anim Pract. 2012;42(5):1087–1100. PMID: 22976833
- Boudrieau RJ. Tibial plateau leveling osteotomy or tibial tuberosity advancement? Vet Surg. 2009;38(1):1–22. PMID: 19152614
