La enfermedad hormonal más frecuente en gatos mayores
Si tu gato tiene más de diez años y ha ido perdiendo peso a pesar de comer bien, está más inquieto de lo habitual o vomita con frecuencia, el hipertiroidismo debería figurar entre las primeras posibilidades a considerar. Es el trastorno endocrino (hormonal) más frecuente en gatos mayores, y se estima que alrededor de uno de cada diez gatos de más de diez años lo padece. La buena noticia es que se puede diagnosticar con un sencillo análisis de sangre y tratar mediante varios abordajes distintos.
¿Qué es el hipertiroidismo?
La glándula tiroides se sitúa en el cuello y produce hormonas —principalmente tiroxina (T4)— que regulan la tasa metabólica del organismo. En los gatos con hipertiroidismo, uno o ambos lóbulos tiroideos desarrollan un crecimiento benigno llamado adenoma (o, con menos frecuencia, una afección denominada hiperplasia adenomatosa) que produce hormona tiroidea en exceso. El resultado es un metabolismo que funciona a una velocidad demasiado elevada, lo que afecta prácticamente a todos los sistemas orgánicos del cuerpo.
La causa de este crecimiento no se conoce por completo, aunque se han propuesto como factores contribuyentes aspectos dietéticos, sustancias químicas ambientales y la predisposición genética. Es importante señalar que el crecimiento es casi siempre benigno: el carcinoma tiroideo representa menos del dos por ciento de los casos de hipertiroidismo felino.
Reconocer los síntomas

El signo característico que lleva a la mayoría de los propietarios al veterinario es la pérdida de peso en un gato que come con voracidad. El gato parece tener hambre continuamente y, sin embargo, la balanza cuenta otra historia cada pocas semanas. Esta paradoja —aumento del apetito con pérdida de peso progresiva— es muy característica del hipertiroidismo.
Además de los cambios de peso y apetito, los propietarios describen con frecuencia que su gato se ha vuelto inusualmente inquieto, vocal o incapaz de tranquilizarse. Algunos gatos desarrollan un pelaje visiblemente descuidado o con nudos porque ya no se acicalan de forma eficaz. Los vómitos y la diarrea son frecuentes, a veces con heces abundantes y mal formadas. La frecuencia cardíaca aumenta y, al examinar a un gato hipertiroideo, el veterinario a menudo detecta un soplo cardíaco o un ritmo anómalo causado por los efectos del exceso de hormona tiroidea sobre el músculo cardíaco.
La hipertensión (presión arterial alta) es otra consecuencia grave y puede provocar desprendimiento de retina y ceguera súbita si no se trata. Cualquier gato mayor que presente cambios agudos en la visión debe ser valorado con prontitud.
Diagnóstico: el análisis de T4 en sangre
El diagnóstico suele ser sencillo. Un análisis de sangre que mida la tiroxina total (T4) mostrará valores elevados en la gran mayoría de los gatos hipertiroideos. Tu veterinario también realizará una analítica general para comprobar si existen enfermedades concurrentes: la enfermedad renal, las alteraciones hepáticas y la anemia pueden acompañar al hipertiroidismo o manifestarse una vez iniciado el tratamiento. En un número reducido de gatos con signos clínicos marcados pero una T4 límite, puede ser necesario repetir la prueba o medir la T4 libre para confirmar el diagnóstico.
Opción de tratamiento uno: medicación (metimazol o carbimazol)
El tratamiento más utilizado en el Reino Unido y en Europa es la medicación oral diaria. El carbimazol se prescribe habitualmente en Europa, mientras que en Norteamérica se prefiere el metimazol. Estos fármacos actúan bloqueando la producción de hormona tiroidea por parte del tejido hiperactivo. No destruyen el tejido anómalo —simplemente suprimen su producción—, de modo que la medicación debe mantenerse de por vida para tener la enfermedad controlada.
Las ventajas de la medicación son que está ampliamente disponible, resulta relativamente asequible y es reversible si surgen problemas. Entre los inconvenientes están la necesidad de administrarla a diario (algunos gatos se resisten mucho a las pastillas), la obligación de realizar análisis de sangre periódicos para controlar los niveles tiroideos y detectar efectos secundarios como el descenso de leucocitos o las alteraciones hepáticas, y el hecho de que trata los síntomas y no la causa subyacente. Existe una formulación en gel transdérmico que se aplica en la cara interna del pabellón auricular, indicada para gatos a los que no se puede medicar por vía oral, y que puede mejorar notablemente el cumplimiento.
Opción de tratamiento dos: yodo radioactivo (I-131)

La terapia con yodo radioactivo se considera ampliamente el tratamiento de referencia para el hipertiroidismo felino. Se administra una única inyección de yodo radioactivo, que es captada de forma preferente por el tejido tiroideo hiperactivo y lo destruye, dejando en gran medida indemne el tejido normal circundante. En la mayoría de los gatos, un solo tratamiento consigue la curación definitiva: no se necesita más medicación y la enfermedad no reaparece.
La principal limitación es la disponibilidad. Como los gatos tratados emiten niveles bajos de radiación durante un tiempo después de la inyección, deben permanecer alojados en un centro con licencia para radiación durante un periodo de aislamiento obligatorio, normalmente de una a cuatro semanas según la normativa de cada país. Los centros autorizados para ofrecer este tratamiento son relativamente escasos en la UE, aunque su número está creciendo. El coste inicial también es más elevado que el de la medicación, si bien a lo largo de la vida del gato suele resultar más económico que años de medicación y controles. En la mayoría de los gatos no se producen efectos secundarios significativos, aunque una pequeña proporción desarrolla hipotiroidismo si se afecta el tejido tiroideo normal.
Opción de tratamiento tres: tiroidectomía quirúrgica
La extirpación quirúrgica del lóbulo o los lóbulos tiroideos afectados es una opción eficaz y potencialmente curativa. Cuando solo está implicado un lóbulo, la cirugía únicamente sobre ese lóbulo suele tener éxito. Cuando ambos lóbulos están afectados, la tiroidectomía bilateral conlleva un mayor riesgo de complicaciones.
El principal riesgo de la cirugía tiroidea es la lesión o extirpación involuntaria de las glándulas paratiroides, que se sitúan junto al tiroides y regulan los niveles de calcio. El hipoparatiroidismo —calcio bajo— tras la cirugía puede ser una complicación grave y potencialmente mortal, que se manifiesta con temblores musculares, espasmos faciales y convulsiones en los días siguientes a la intervención. Por este motivo, la tiroidectomía quirúrgica requiere un cirujano experimentado y un control posoperatorio cuidadoso. Además, la mayoría de los gatos reciben medicación previa durante varias semanas antes de la cirugía para estabilizar sus niveles tiroideos y reducir el riesgo anestésico.
Opción de tratamiento cuatro: Hill's Prescription Diet y/d
Una dieta terapéutica con contenido restringido de yodo —Hill's Prescription Diet y/d— ofrece una opción de tratamiento no invasiva para los gatos cuyos propietarios no pueden administrar medicación o acceder a otros tratamientos. Como la síntesis de hormona tiroidea requiere yodo, restringir el yodo de la dieta reduce drásticamente la producción de hormona tiroidea y puede normalizar los niveles de T4 en pocas semanas.
La advertencia fundamental es que esta dieta debe ser el único alimento que consuma el gato. Incluso pequeñas cantidades de yodo procedentes de otros alimentos —premios, restos de comida, el pienso de otras mascotas— echarán por tierra el tratamiento. En gatos que viven en hogares con varias mascotas o en gatos con tendencia a deambular y buscar comida fuera, mantener la exclusividad dietética necesaria puede resultar muy difícil en la práctica.
Control de la función renal después del tratamiento
Una consideración importante que se aplica a todos los tratamientos es el efecto sobre la función renal. El hipertiroidismo mantiene artificialmente un flujo sanguíneo elevado hacia los riñones; cuando los niveles de hormona tiroidea se normalizan, el flujo sanguíneo renal disminuye y puede hacerse evidente una enfermedad renal preexistente que antes quedaba enmascarada. Tu veterinario controlará estrechamente la función renal en las semanas posteriores al inicio del tratamiento y, en algunos casos, podrá ajustar el nivel tiroideo objetivo o el abordaje terapéutico para proteger la salud renal.
El control de la hipertensión —normalmente con comprimidos de amlodipino— también es importante en gatos con presión arterial elevada en el momento del diagnóstico, y puede ser necesario mantenerlo incluso después de haber controlado la hormona tiroidea.
